“La finalidad de la vida es aprender a ser felices”
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Carta del fundador

La escuela a la que me hubiera gustado ir

 

Como adolescente, nunca fui el típico alumno aplicado ni jamás saqué buenas notas. Más era el gamberro y el payaso de la clase. Desde un punto de vista emocional y existencial, nunca le vi demasiado sentido ni utilidad a la “educación” reglada. Tras ir aprobando examen tras examen y superando curso tras curso, a los 19 años me sentía más perdido, confundido y desorientado que nunca. No tenía ni idea de quién era ni de para qué estaba aquí. Y el solo hecho de pensarlo me llenaba el corazón de miedo y angustia. Tras tocar fondo, decidí tomar las riendas de mi vida y empezar a resolver estas cuestiones por mí mismo, a través de un proceso autodidacta de autoconocimiento.

La Akademia es el resultado de muchos años de búsqueda y de aprendizaje. Es la escuela a la que me hubiera gustado asistir, donde los jóvenes son escuchados y valorados por lo que son, siendo inspirados para que se conviertan en quienes están destinados a ser.

El sistema educativo se diseñó en el siglo XIX, en plena Era Industrial, con el objetivo de convertir a los campesinos analfabetos en empleados que pudieran trabajar en las cadenas de montaje de las fábricas. Y lo cierto es que no ha cambiado mucho desde entonces. Esta es la razón por la que al ir a la escuela nos insisten en que «estudiemos mucho», que «busquemos salidas profesionales» y que «obtengamos un título universitario», creyendo que así encontraremos un «empleo fijo» con un «salario seguro y estable».

Pero dado que la realidad laboral ha cambiado, estas consignas académicas han dejado de ser válidas. Debido al imparable proceso de globalización, así como a las nuevas tecnologías, estamos presenciando el amanecer de la Era del Conocimiento, la cual cuenta con sus propias reglas de juego. Estamos educando a las nuevas generaciones para que afronten un mundo que ya no existe. No es casualidad que los jóvenes se sientan a menudo tan perdidos y desmotivados.

Es hora de decirlo en voz alta: la escuela actual desalienta el aprendizaje y fomenta el conformismo y la obediencia. Y lo peor de todo: aniquila nuestra creatividad. Por eso la gran mayoría perdemos la conexión con estas facultades, marginando por completo nuestro espíritu emprendedor. Y como consecuencia, empezamos a seguir los dictados marcados por la mayoría, un ruido que nos impide escuchar nuestra propia voz interior.

Muchos chavales se quejan de que el instituto no les enseña a aprender, sino a obedecer. Y tienen mucha razón. En vez de plantearles preguntas para que piensen por sí mismos, los profesores les dan directamente las respuestas, tratando amoldar el comportamiento de los alumnos al canon determinado por el orden social establecido. Así es como el sistema educativo castra nuestra autoestima y mutila la confianza en nosotros mismos, obstaculizando el descubrimiento y el desarrollo del potencial innato con el que nacimos.

La Era del Conocimiento requiere de otro tipo de mentalidad. Para adaptarnos y prosperar al mundo que se avecina, necesitamos cultivar la inteligencia emocional, así como una actitud emprendedora, que nos permita hacernos cargo de nosotros mismos tanto emocional como profesionalmente. Y hasta que la escuela tradicional reinvente sus programas pedagógicos, es fundamental que los jóvenes se atrevan a llevar a cabo este proceso formándose por su cuenta.